
Las hojas secas del otoño,
alimentan la tierra y dan calor.
Y preparan a ese árbol,
que el invierno con su fuerza recibió.
Mas no olvides que la primavera,
siempre del invierno va detrás.
Y con ella llegan nuevos despertares,
Que incitan a los cuerpos para amar.
Desnúdate por dios de esa tristeza,
y no esperes eso que nos queda por llegar.
No apagues las lunas, muchachita,
más bien a su paso enciéndelas.
Que tú eres lumbre que calienta,
y que pasiones en tu vida encenderás.
Cuando veas a la luna reflejada,
sobre el agua, siéntete feliz.
Pues salio a tu paso, para verte,
ese día su esplendor es para ti.
Sumérgete y renace a otros presagios,
deja la soledad que se marchite,
olvida la nostalgia y el dolor,
dale la espalda a ese destino,
agarra de la mano esa… tu fe,
remordimiento y desamor,
ponlos a un lado,
y haz el camino andando,
como dijo aquel.
Aunque doradas y ajadas,
veas las hojas.
Dorado el oro es. ¿Y que valor?
que los años no los pone,
Nuestra vida, es la mente,
la que pone el corazón.
Así que sueña… y que nadie te lo quite,
que los sueños no nos los pueden robar,
y un amor renacerá un día en tu vida,
ese día de la lluvia y del olvido te reirás.
2 comentarios:
Este poema lo siento muy mio por que será? es hermoso Chiqui como las hojas del otoño que alfombran este verso de nostalgia y belleza, tq.mmmmmm Ma.Jo
Interesante poesía. No recuerdo bien cómo llegué a este blog pero valió la pena encontrarlo.
Mis felicitaciones Evelin!
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Saludos!
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